4 sept 2023

El arte de lo breve: LOS MICROCUENTOS

septiembre 04, 2023 Posted by M. A. Morán , No comments
La idea de los microcuentos

Los microcuentos o microrrelatos, son historias contundentes que buscan contar algo en pocas palabras. Es una forma narrativa extremadamente breve, que tiene como característica principal ser conciso a la vez que logra transmitir una idea, emoción o mensaje.
  • Este tipo de textos requieren que el autor sea contundente y sepa jugar bien con las palabras. Transmiten mucho con muy poco.
  • Varían en género y tono, desde lo que se considera humor hasta lo que es trágico. Es común que el escritor deje espacios para que el lector los rellene y reflexione acerca del significado.
  • Conviene usar a lo mucho dos personajes, aunque casi siempre uno es quien abre la historia y quien la cierra.
  • Sorprenden, conmueven o dejan al lector reflexionando con un giro inesperado o una imagen potente.
  • El uso de un solo escenario juega a favor de la narrativa.
Para ser más clara, te dejo algunos ejemplos y su respectivo autor

1. Juan José Arreola (Mexicano):
“La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.”

2. Augusto Monterroso (Guatemalteco):
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.”

3. Javier Vásconez (Ecuatoriano):
“El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5:30 de la mañana.”
(Esta línea abre Crónica de una muerte anunciada y funciona como un microcuento en sí misma).

4. Felipe Benítez Reyes (Español):
“La última vez que vio a su asesino, se despidió cortésmente de él.”

5. Luis Felipe Lomelí (Mexicano):
“¿Olvida usted algo? –¡Ojalá!”

6. Ana María Shua (Argentina):
“En el momento de cruzar la calle, vio pasar su propia cara en un autobús que se alejaba.”

7. Frederic Brown (Estadounidense):
“El último hombre sobre la Tierra estaba sentado a solas en una habitación. Tocaron a la puerta...”


Mi ejemplo de microcuento

Yo no soy muy buena —en realidad, nunca lo he hecho— haciendo microcuentos. Tenía la corazonada de que podía ser fácil, pero al platicarlo con Dante me di cuenta de que mis pequeñas oraciones no tienen impacto, así que me tocará practicar. Pero por mientras, aquí un intento de ello:

"Cuando el cazador salió de su casa sintió la frialdad del mundo tocar su espalda. El bosque lo abrazó como si este jamás se hubiera ido."


Gracias por leer la entrada del día. Espero que lo hayas disfrutado o que por lo menos te haya dado una idea para una actividad escritorífica en la que puedas pasar el tiempo, ¡enséñame tus microcuentos! Me encantará leerte. Te envío un abrazo. 




1 sept 2023

Sobre este blog

septiembre 01, 2023 Posted by M. A. Morán No comments
¡Hola, querido lector, que ha caído por estos lares de internet!


Soy M. A. Morán y soy una estudiante de Letras Hispánicas que disfruta mucho de la lectura. Siempre estoy dispuesta a leer lo que me recomiendan, sin importar lo que sea, comentaré después. Sagitariana peleada con la idea de quedarme en un solo lugar, aunque la mayoría del tiempo tenga que hacerlo por mi trabajo. Me gusta diciembre y todo lo que la época navideña trae consigo, incluyendo las frías tristezas de año nuevo y los cálidos abrazos que le doy a la gente a mi alrededor. Si tuviera que salvar una vida, de un incendio, salvaría a mi gata. Solo ella comprende la maldición y bendición que es estar dentro de mi cabeza 24/7 los 365 días del año. Tal vez suene ridículo para ti, pero sin ella no estaría aquí.

El propósito del blog es principalmente para compartir contigo lo que pasa por mi cabeza y para disfrutar de aquello que nos une: la lectura y la escritura.

Aquí, no solo escribo por escribir, también doy pequeños tips que me sirvieron para salir del bloqueo del escritor, cosas que me comparte mi mejor amigo Dante, reflexiones que me orilla hacer mi día con día, reseñas, entre otras cosas. Como no me gusta mucho la idea de las fotografías, suelo tomar imágenes de Pinterest, pero no significa que no vaya a subir algunas mías en algún momento. De todas formas, ¿quién quiere verme a mí? Pa' eso existe Instagram. 

Soy mexicana, nacida en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, menciono esto porque mi forma de escribir representa en un setenta por ciento mi forma de hablar. Siento que nuestra generación trata de embellecer tanto su escritura, que deja de ser orgánica, por lo que te insto a ti a escribir de tu día a día (como un diario) como lo harías hablando con otra persona. El mundo necesita la voz genuina de sus escritores, no un compendio de palabras rebuscadas y hechas artificialmente después de buscar en un diccionario. Me gustaría que mis familiares me reconocieran en mi escritura, aun después de dejar este plano. Mi escritura está plagada de mis mañas al hablar, así que, si te disgusta (primero échale un vistazo) te invito a dejar este blog. En cambio, si eso no es un inconveniente para ti, adéntrate en las entradas de este blog y dale vuelo a tus lecturas.

Ahora, si me preguntas qué es lo que más me gusta hacer, no voy a saber qué responderte. Me gustan muchas cosas, son pocas las que no. Lo primero que se me viene a la cabeza es comer. Me gusta comer de todo, sobre todo postres. También me gusta pasear después de comer. Tengo la mala costumbre de llenarme de comida y luego irme a caminar un rato a la terraza de mi casa, solo dando vueltas y vueltas, mi mamá me dice que parezco bruja porque entro a la casa ya pasadas las doce de la madrugada.

Me gusta leer poesía, fantasía, y últimamente tengo un ligero interés por la no ficción. En realidad, trato de leer todo lo que pueda en el tiempo que me permita el trabajo. Trabajar en algo que no tiene nada que ver con lo que te gusta, es pan de cada día en la vida de un estudiante mexicano. Hace poco leí La Mandrágora de Nicolás Maquiavelo por las risas (no sabía que ese hombre escribía teatro). Sobra decir que la ame. 

Mi primera historia, la que me metió al mundo de la lectura, fue la obra de teatro Prohibido suicidarse en primavera de Alejandro Casona. Me impactó mucho a la tierna edad de nueve años, por lo que continúe leyendo cosas del estilo. Salte al realismo mágico con Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, luego hice una pequeña parada en el terror leyendo Un saco de Huesos de Stephen King y de ahí el resto no sé, un montón. 

Así como empecé a leer, quería escribir, ¿qué escribía? fanfics de la tierra media, What if... de historias ya creadas y películas históricas que veía. Ana Bolena era mi preferida. 

De manera independiente, suelo dedicarme a la corrección, redacción y edición de textos. Los trabajos que he hecho van desde los reportes, crónicas periodísticas y ensayos, hasta las de creación libre como proyectos de creación narrativa, escritura creativa y crónica literaria. Me adapto fácilmente a la redacción de contenido dependiendo del tema a abordar o la posible audiencia. No tengo un portafolio con mis trabajos (aunque debería tenerlo), siento que un blog también me puede ayudar en ese aspecto. Si en dado caso estás interesado en echarle un ojito a lo que hago puedes enviarme un correo.

Mi relación con las personas siempre ha sido muy buena, la mayoría de las veces suelo ser yo quien da el primer paso. Soy una persona que ha aprendido a hacer las cosas de manera independiente, pero también me gusta mucho trabajar en equipo. Aprendí a hablar en público a la mala, tengo malos recuerdos con las oratorias, pero siento que eso me ha ayudado a ser mejor y a lograr tener mejor armadas mis presentaciones.

Si necesitas contactarme, en breve te dejo un par de lugares en donde soy muy activa y puedes enviarme un mensaje para charlar, aunque ya te digo, es más probable que vea tu e-mail, ya que siempre tengo abierto el correo. Se abre por defecto en mi laptop.

E-Mail con el asunto "Lector Cafeinómano" al correo: moranimoran385@gmail.com

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31 ago 2023

La colonia que nunca duerme

agosto 31, 2023 Posted by M. A. Morán No comments
Ya no es un secreto a voces que aquellas personas que caminaban por las madrugadas en la colonia Margaritas, son las que han sembrado el pánico en las jovencitas que gustaban de quedarse con sus amigas hasta tarde.

Doña Esther, dueña del depósito Agua en las Rocas, es la que me cuenta la primera desgracia: su hija, que en paz descanse, es una de las jóvenes que cayeron víctimas de los feminicidios del año 2020, siendo ella secuestrada por una red de trata de mujeres. Más tarde, este grupo caería gracias a la presión social del colectivo feminista, que pudo dar con Fátima Esmeralda “P” y Cinthya Cordero “Ñ” siendo ellas las únicas sobrevivientes encontradas.

Doña Esther nos cuenta que, Imelda López, su hija de apenas quince años, se disponía a ir por su hermano menor a las canchas que están al lado de la escuela Saturnino Herrán, y que al llegar se topó con una cruda escena. A voz de una vecina —que prefirió quedar en el anonimato— se supo que los niños que jugaban en las canchas habían sido espantados por tres camionetas con vidrios polarizados que habían pasado a toda velocidad hacía Vivienda Digna, la colonia aledaña, no sin antes crear un aironazo de plomo y casquillos que había impactado en los pobres cristianos que jugaban con tranquilidad.

Imelda, quien se disponía a regresar a casa a comunicar tan amargo encuentro, también fue despachada por una de las camionetas que se había quedado atrás. Como si esa fuera su única misión, había agarrado a la jovencita y luego pelando gallo hacia la carretera rumbo a Juárez había desaparecido para siempre.

Doña Esther, con el alma rota y aun sin superar la tragedia de perder a sus dos hijos, me contó que el malviviente que se la había llevado se había contactado con ella dos días después. No era para pedir dinero o algún tipo de remuneración por la chiquilla, puesto que bien conocida la señora y el señor dueños del depósito, todo lo que habían querido era hacerle daño a la familia.

Durante toda mi charla con la mujer, Don Carlos Valdés, se había quedado callado. Ahora solo esposo, habiendo perdido a sus únicos niños, su rostro apagado me decía más con los ojos que con la boca.

En mi trayecto, la versión de las cosas de Juan Osorio había sido más pacífica. Los cortes de luz y agua durante la noche en la calle Tulipán, hacían que mucha gente dejara de dormir para proteger sus propiedades. Las casas eran iluminadas con velas, y los murmullos dentro se sentían como ásperas caricias que a la espera del día o la devolución de la luz, se hacían eternas bajo las noches sin luna.

Sin falta, su mamá se preparaba con unas cinco o siete velas por noche en caso de que no completaran. Según el joven, el calor del verano los hacía insoportables entre ellos, peleas y cada quien yéndose por su lado de la casa, los hizo caer en la desgracia.

El 15 de julio del año 2020 tuvimos —como ya era costumbre— un apagón a nivel sector que nos hizo a todos gritar del coraje. De eso me acordé muy bien.

Me contó que su padre, siendo un hombre de pocas palabras y mucho carácter, se la había mentado a la colonia y siendo esta la última frase que les dedicara, se había ido al techo a tirarse en el suelo para disipar el calor con el poco fresquito que hacía.

Juan Osorio bien conocido por ser un muchacho trabajador, pero muy borracho, me contó que ya estaban muy acostumbrados a la precariedad de la colonia, pero no a la de su propia sed. Él vio como su mamá encendió dos velas y continúo haciendo sus quehaceres nocturnos. La poca visibilidad les quitaba todas las ganas del mundo de continuar con sus tareas, y aunque a él no le afectaba de ninguna forma, dejaba de hacer sus cosas y se iba a acostar al suelo del porche para tomarse una o dos cervecitas.

No tardó mucho cuando un montón de borrachos sin nombre pasaron corriendo, detrás una patrulla y hasta atrás una camioneta negra. “El valor de aquellos que miraron fue para mí la hazaña más estúpida e innecesaria que pudieron haber hecho, pero gracias a ellos es que estoy contando esto” me dijo.

“Uno de los perdidos en la calle se asomó por el portón de mi casa y gritó con fuerza “¡nos persigue la chota y a ellos los malitos!”, yo no supe qué había dicho porque la cabeza ya la tenía en las patas, pero con el simple hecho de gritarme en la cara tuve motivo suficiente para que me metiera y buscara refugio debajo de la mesa”. Según lo contado, su mamá y su papá corrieron. Disparos de la nada, y pronto un enorme silencio que olía a muerte. Fueron tres minutos, ni más ni menos.

Me acordé de las camionetas que me había contado doña Esther y la vecina metiche. Juan Osorio había tenido otra perspectiva de la noche aquella, desde una calle más pobre y el punto de vista nublado por el alcohol.

Cuando todo pasó, su madre le pidió que fuera a buscar a su papá, puesto que se habían escuchado sus pisadas apresurarse a bajar, pero luego se había callado y no había aparecido. Juan contó que lo que vio al salir al patio para buscar a su papá, le quito hasta la cruda del día siguiente. Por el miedo dado y los balazos, el padre había tenido un ataque al corazón y se había caído por las escaleras, descalabrando al señor. Si el ataque no lo mató, el golpe en el coco lo acabó.

Juan Osorio no dijo más cuando comenzó a llorar. Y lo entiendo, quién querría seguir escuchando cuando la historia acaba con lloriqueos y una sopladera de mocos.

Mi perspectiva no cambió en ningún momento, las camionetas son quizás las enemigas de la colonia, por eso es por lo que muchas veces mi amiga Xóchitl me dice que si veo a una camioneta blindada, le corra. Pero ¿qué corra de qué? ¿de la camioneta o de la lluvia de balas que pueden crear las camionetas?

Así como a su papá le pasó, creo que es mejor correr de las personas que traen las armas, si no queremos terminar con el cuerpo hecho plomo.

Pero eso es cosa de la colonia, porque apenas salí rumbo a San Pedro, mi amigo Enrique me dijo que las cosas allá no eran como se las contaba acá. Ellos tenían luz y agua todas las noches, la colonia estaba bien protegida por una patrulla que vigilaba por las noches y que ninguna de las camionetas que estaban por ahí, tenían polarizadas las ventanas. Quizás es la perspectiva de cada quien, porque incluso yo, no tenía idea de que en Margaritas, la colonia en la que he vivido toda mi vida, pasaran esas cosas.

La Tormenta

agosto 31, 2023 Posted by M. A. Morán , No comments
La siguiente historia a continuación, fue mi participación para el concurso que llevó a cabo la Revista Frescazine para su edición de Relatos de Terror Octubre 2021, en donde gané el segundo lugar. Fue mi segunda ocasión participando en un concurso de este tipo, así que nunca me esperé conseguir un puesto. Durante la lectura se podrán notar varios errores de ortografía, puntuación y sintaxis, normalmente los corregiría para subirlo aquí, sin embargo, así tal cual, fue enviado a la revista, por lo que tiene un significado muy personal dejarlo tal y como está. 

Ver lo que he mejorado hasta el momento, no solo hace que me sienta orgullosa, sino que provoca un sentimiento de aprecio y ternura a la "yo" de ese octubre. Espero que en cinco años más, pueda ver mis entradas actuales con cariño, tal y como lo hago ahora.

Pueden ir a apoyar a la revista en su Instagram para que estén atentos a lo que sube y puedan participar en sus eventos. Un abrazo a las creadoras por haberme dado esa oportunidad.




La tormenta

Cuando era niña, en una tarde lluviosa de septiembre, mi familia y yo nos preparábamos en caso de que hubiera un apagón. Las luces parpadeaban en advertencia de que muy pronto estaríamos a oscuras.

Compramos velas y algunos encendedores para tener un poco de luz. No es que no estuviéramos acostumbrados a la lluvia, pero cuando la luz se iba en toda la colonia se ponía tan oscuro que los truenos daban escalofríos cuando se escuchaban a lo lejos romper entre el cerro junto con aquellos segundos de luz que provocaban los relámpagos al caer.

Mi madre solía cantarnos para que mi hermana y yo no tuviéramos miedo. Yo no me sentía intimidada por la lluvia o el estruendo, pero aunque quisiera, no podía evitar sentirme nerviosa. Éramos niñas. Nos sentábamos a sus pies escuchando su voz que de vez en cuando era opacada por el feroz sonido de los truenos. Había ocasiones en las que después de un rato nos quedábamos dormidas hasta el día siguiente donde ya casi no había rastro de que en algún momento durante la noche se hubiera desatado un infierno, pero esa tarde fue diferente.

La luz del día estaba desapareciendo muy lentamente. Aunque estuviéramos entretenidas viendo televisión o jugando con nuestros juguetes, sabíamos que en cualquier momento haríamos uso de las velas que habían comprado.

Papá siempre nos decía que éramos afortunadas en quedarnos dormidas después de un rato. Nosotras no sabíamos que después de una hora, las velas se acababan y todo quedaba en completa oscuridad. Mi hermana es mucho más pequeña que yo, así que es muy fácil asustarla, y la oscuridad era su mayor enemiga.

A las nueve de la noche la lluvia no había dado tregua y los relámpagos eran cada vez mas amenazantes. “Si la luz no se va ahora, seré yo quien corte la electricidad” papá comentó con ironía. Aunque mamá y yo nos reímos, podía sentir algo muy extraño en su tono, no eran sus típicos comentarios para hacernos reír burlándose de la situación.

Quizás fue la confianza que sentía con cada minuto pensando para mí que esa noche no habría un apagón, pero como si fuera una rápida contestación a mi certeza de irme a la cama con la luz encendida, un relámpago cruzó de esquina a esquina por encima de la casa haciendo que por unos momentos el silencio resultara abrumador y justo después el sonido del peor trueno que había escuchado jamás hiciera acto de presencia apagando todo rastro de luz que se viera dentro y fuera de las casas.

El primer grito vino de mi hermana, el segundo de mi madre tratando de encontrarla y el tercero fue mío. Una fuerte mano había tomado mi pie derecho mientras yo trataba de correr con papá.

La llama de una vela nos sorprendió, mi hermana estaba en los brazos de mi madre y ambas me veían a mi preguntándose porque había gritado mucho después de que la luz se fuera. No me asustaba tanto quedarme a oscuras, pero esa horrible sensación de frialdad que sentí al no poder moverme por culpa de una mano huesuda y con grandes uñas no la olvidaré jamás.

Comencé a llorar. Entré en un estado de nerviosismo puro que gritaba por mí unas palabras sin sentido, tratando con fuerza de explicar lo que había sentido sin sonar ridícula o mentirosa. “Solo lo imaginaste. El trueno sonó muy cerca así que debiste sentir un escalofrío” dijo mi padre tratando de encontrar lógica a mis balbuceos.

Es verdad, sí, tuve un escalofrío, pero no sabría decir si fue por ese ensordecedor sonido o por la mano fría aferrándose a mi pie como si buscara tomar impulso de mis movimientos.

No podía concebir que aquello hubiera sido parte de mi imaginación siendo que pude sentir cada uno de los dedos doblando sus articulaciones a mi alrededor, pero así había terminado el tema. Estuve pegada a mi madre la siguiente media hora. Mi hermana estaba quedándose dormida en sus piernas, ella tarareaba una canción de cuna y trataba de tranquilizarme, mientras que mi padre hallaba la forma de mantener una vela unida a otra con pedazos de cera que había encontrado en un cajón para que así tuviéramos más luz por un rato.

Al ver a mi hermana podía sentir envidia. Ella estaba tranquila tratando de dormir, mientras que yo me mecía de los nervios.

"¿Por qué no te recuestas? Verás que te quedas dormida muy rápido si te rasco la cabeza" me dijo serena tratando de aliviar un poco mi ansiedad. Yo obedecí, quizá sentir su mano acariciarme calmaría la frustración que sentía al no poder probar lo que había pasado, pero, para ser honesta ¿para qué querría probar aquello? Era mejor si lo dejaba por la paz y me decía a mi misma que había sido solo parte de mi imaginación.

Internamente comencé a repetir que no había pasado nada, había sido una fantasía que mi mente cansada de la lluvia había creado por capricho. “No fue real” me decía y fue así que finalmente pude quedarme dormida escuchando el gentil tarareo de mi madre.

Una horrible voz desde el interior de mi cabeza me llamó usando un tono enfermizo mientras unos rasguños sonaban a lo lejos. Me removí un poco buscando algo con que taparme, pero me di cuenta de que aún estaba en la sala de estar. Abrí los ojos viendo la oscuridad que ya me esperaba, escuchaba los ronquidos de mi padre acostado desde el otro sofá y al palpar el lugar en donde yo me encontraba me di cuenta de que estaba en una colchoneta que habían puesto ahí para pasar la noche.

Levanté mi mano en busca del sofá y pude sentir la mano de mi hermana colgando desde arriba. Estaba dormida con mi madre, acurrucada en su pecho como una bebé.

Me levanté para ir al baño. Escuchar la lluvia caer por horas hizo que tarde o temprano las ganas de mear se hiciera algo inevitable, no tuve de otra que poner mi mano en la pared para ir guiándome hasta el piso de arriba buscando la puerta del baño.

Me senté en la taza pensando en terminar lo más rápido que podía y así finalmente regresar a donde estaba mi familia, pero una voz, la misma voz obscena que había escuchado entre sueños me llamó por mi nombre desde la parte de arriba de la cortina del baño. No me moví un centímetro mientras escuchaba su respiración. Me sentía como si fuera una presa, un insecto atrapado en la red de una araña que estaba esperando una señal para echarse encima. Con el rabillo del ojo, traté de ver que era, pero apenas podía ver una parte de la silueta delgada que se sostenía con dos brazos esqueléticos. Comencé a sollozar pensando en gritarle a mis padres, pero si no llegaban a tiempo ¿qué clase de escena verían? Cerré los ojos con fuerza y me quedé ahí, estática, esperando junto con aquella cosa que me observaba.

No sé cuanto tiempo estuve ahí, pero estaba segura de que apenas habían sido minutos. La voz de mi madre junto con el suave toque de sus nudillos del otro lado de la puerta me sacó del escenario en el que yo misma me había metido.

Abrí la puerta en busca de sus brazos y ella, tomándome también, acarició mi cabeza y me llevó de vuelta a dormir a la sala. Pensando que todo había terminado, la oscuridad de la habitación fue mi refugio, hasta que un feroz relámpago encendió por unos segundos mi alrededor dejando ver que una criatura descarnada, huesuda y con la cabeza al revés estaba parada en el marco de la puerta. Me desmayé segundos después dejando que todo aquello se lo llevara la noche.

Al día siguiente todo parecía en su lugar. La lluvia no había dejado rastro de que hubiera estado ahí gracias al sol que ya calentaba a tempranas horas de la mañana.

Nadie me creyó, ni mi madre, ni mi padre. Ahora cada que llueve, tengo miedo de toparme con aquella criatura de nuevo, tengo miedo de que vuelva a verme con esos ojos saltones carentes de alma y esa sonrisa que me decía que no tendría reparo alguno en dejar atrás un sangriento desastre.



13 may 2023

Redescubriendo la individualidad en Casa de Muñecas de Henrik Ibsen

mayo 13, 2023 Posted by M. A. Morán , No comments
Casa de muñecas

Estrenada el 21 de diciembre del año 1879 en el Teatro Real de Copenhague, "Casa de Muñecas" (Et dùkkehjem) de Henrik Ibsen, tuvo una revolución a su alrededor que marcó el teatro durante la época. No solo la manera en la que se abordaban conflictos personales y sociales, sino que generó controversia por su crítica a las normas matrimoniales y su retrato de una mujer que decide desafiar las expectativas impuestas por su rol como esposa y madre, dándole a su personaje femenino un final que fue considerado por muchos, escandaloso. Por esta razón, Ibsen fue calificado con valores anticristianos, a pesar de que no consideraba su obra de ningún tipo de rama feminista, aunque podría considerarse así por la valentía de Nora —el personaje principal—, abarca algo más allá que un pensamiento de empoderamiento femenino. Ibsen exploró temas como la identidad, la libertad individual y el peso de las estructuras sociales en una mujer que se creía ingenua, caprichosa y malgastadora.

Casa de muñecas es una obra que trasciende el contexto histórico y ofrece una reflexión sobre el derecho de toda persona a redescubrirse y reinventarse, independientemente de su género.


Obra de Ibsen

La obra trata de Nora y Torvaldo, un matrimonio con tres pequeños hijos que viven felizmente, aunque a veces un poco apretados debido al dinero. El padre, Torvaldo Helmer, muy pronto asumirá un puesto mejor como director del banco en el que trabaja, lo que los llevará a tener una mejor vida, pero así como obtendrá nuevas experiencias, estará obligado a despedir a Nils Krogstad por antecedentes de corrupción, quien desesperado por recuperar su honor ante la sociedad y su hijo, llega a la casa de la familia Helmer para sacar provecho de Nora. Esta es chantajeada por el hombre para que le ayude a que su marido no lo despida.

Hablando del contexto en el que viven los personajes, la comodidad de su estructura social les permite vivir a gusto sin tener demasiados lujos. Desde el inicio, Nora Helmer tiene cubiertas todas sus necesidades. Como hija, estuvo bajo el cuidado de su padre, y como esposa, encuentra refugio en Torvaldo. Esta dinámica refleja la vida de casi todas las mujeres burguesas del siglo XIX, quienes a menudo sometidas, disfrutaban de una estabilidad económica que las eximía de tomar decisiones importantes. Hasta este punto nos encontramos con una personaje que gusta de adoptar este rol sin ningún problema, pero su tranquilidad se ve afectada al entrar en contacto con Krogstad, quien la obliga a confrontar los límites de su dependencia.

Mientras que Nora mantiene una lucha interna, los personajes secundarios cumplen una función para resaltar sus dilemas. Desde su esposo, quien carga una expectativa patriarcal, el egoísmo disfrazado de protección y el esfuerzo por parecer alguien en la vida, hasta llegar con Nils Krogstad, que representa una lucha por su propia redención. Incluso Linde, la amiga de Nora, realza un contraste muy significativo que provoca un inevitable movimiento en los pensamientos de la protagonista a través de la autosuficiencia.

Aunque es comprensible que Casa de muñecas pueda ser analizada desde una óptica feminista, el mensaje es bastante aplicable a cualquier persona que haya sentido en sí mismo, el peso de una expectativa social. Esta obra es reflexiva y puede ser analizada a partir de cualquier punto de interés que provoque una sensación cómoda, pero limitante en nuestra vida, y esas decisiones que nos lleven a abandonar la comodidad por lo desconocido.

Henrik Ibsen no escribió esta obra como un manifiesto, sino como una exploración a la condición humana de la manera más honesta. La valentía de su protagonista al cerrar la puerta de su hogar para abrir la de su identidad individual, es un acto de relevancia social que puede ser difícil y solitario, pero, como es el mismo eje de la humanidad lo que nos permite hacerlo.

En general, la obra es ligera y fácil de leer. Las intenciones de los personajes y el papel que juega cada uno, es un tramo más cercano para entender el pensamiento social de la época. El final abierto es una invitación a la reflexión sobre lo que Nora siente que es mejor para ella en el momento del clímax, cuyo conflicto se ha sentido estructurado alrededor de las ideas, los valores éticos cuando se ven infligidos por el dinero y sobre todo el papel de la mujer de todas las clases sociales.


Los personajes de esta obra son
Nora Helmer — Esposa de Torvaldo y madre de tres niños.
Torvaldo Helmer — Marido de Nora y próximo director del banco.
Dr. Rank — Médico rico y amigo de la familia.
Kristine Linde — Amiga de Nora desde el colegio y viuda.
Nils Krogstad — Empleado subordinado del banco.
Ivar, Bobby y Emmy — Hijos de Nora y Torvaldo. Su papel es testimonial.
Anne Marie — Antigua niñera de Nora y actual niñera de Ivar, Bobby y Emmy.
Helene — Joven asistente de los Helmer.


A lo largo de los años, las representaciones de Nora en el teatro han formado parte fundamental de la estructuración de la idea de lo que puede ser “una Nora”. Las más destacadas como Betty Hennings, Johanne Juell, Beatrice Cameron y Eleonora Duse han tenido en sus carreras hitos importantes desde antes de haber interpretado a Nora en la obra de teatro.


Sensación de una mente joven del siglo XXI

Mientras estaba leyendo, pensaba que la comodidad de Nora siendo hija de…, y luego esposa de…, era una constante en la vida de las mujeres de la época. Ser siempre de un hombre: padre o esposo, las hacía sometidas, pero llevaban una vida tranquila con los lujos —si es que era el caso— necesarios, puesto que ellas no tenían que pensar en cuidar de sí mismas. El papel como esposa era atender a sus maridos y a sus hijos, ser la señora de la casa y el soporte emocional de la familia.

Cuando Nora toma consciencia de su vida, es cuando toma las riendas y expone sus opciones ante su marido, aunque ya tomada una decisión se da el tiempo de responderle. Esto solo me hace pensar en que hay ocasiones en las que podemos olvidar quienes somos, para lo que hemos nacido, el camino que podemos labrar con nuestras decisiones, no tenerle miedo a lo venidero y afrontar la vida fuera de las comodidades que nos ofrecen. Nora era una muñeca, ahora quería ser una mujer. Aunque la obra me la recomendaron por tener matices feministas, siento que la moraleja puede llevarla cualquier persona, no necesariamente ser dedicada a las mujeres, que si bien se pueden sentir identificadas con el mensaje, este puede ser tomado por un hombre de igual manera.

Aunque proveniente de una época distinta y un contexto burgués, las cuestiones que plantea me resultan bastante contemporáneas: La búsqueda de la individualidad, los cuestionamientos sobre los roles de género y una reevaluación de las normas sociales, son las que impactan en el actual movimiento artístico, y claro, el activismo en México. Lo que me lleva a pensar que la obra sigue siendo un espejo de cualquier generación en el que puedan ver reflejados sus propios dilemas e intentar encontrar respuestas. 


Agradezco que hayas llegado hasta aquí y espero que tu lectura haya sido amena. Nos leemos en la siguiente entrada. Te envío un abrazo.